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Graciela Cutuli
Riace Marina es menos que un pueblo: es un puñado de casas agrupadas sobre el Mediterráneo, una suerte de "sucursal marítima" de Riace , la pequeña localidad calabresa que en los últimos años dio que hablar al promover un sistema de integración de los migrantes llegados a sus costas que molestó bastante a las fuerzas xenófobas en Italia .
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Héroes
griegos, santos cristianos
Si inicialmente la recepción del hallazgo entre los arqueólogos fue más bien fría, una rareza considerando que son escasas las estatuas de bronce de la Antigüedad llegadas hasta nuestros días, en la gente de Riace generaron fervor popular.
Pronto
los habitantes los identificaron con San Cosme y San Damián, los dos hermanos
médicos -muy venerados en el pueblo, con multitudinarias procesiones- que según
la tradición habían escapado varias veces a la muerte antes de su martirio
final bajo el imperio de Diocleciano: una de esas veces, renacieron del mar al
que habían sido arrojados con una piedra al cuello.
Pese
a la identificación con la creencia local, las estatuas son en realidad muy
anteriores. Más aún, ni siquiera son copias más cercanas en el tiempo de un original
perdido: los Bronces de Riace son dos auténticas estatuas griegas del
siglo V a.C., realizadas con una maestría digna de los mayores escultores de la
edad de oro de la Grecia clásica .
En
el libro que les dedicó, el paleontólogo Alberto Angela recuerda que "los
bronces antiguos no se veían en absoluto del color verdoso que estamos
acostumbrados a ver en las estatuas de nuestras plazas, expuestas a la acción
oxidante de los agentes atmosféricos y la contaminación. Además de ser
luminosas y brillantes, las estatuas de bronce de la Antigüedad tenían varias
tonalidades porque estaban conformadas por diversos metales. Para los
griegos, las estatuas de bronce tenían mayor valor que las de mármol: si se
quería realizar una escultura importante, por ejemplo un príncipe o un dios, se
elegía el bronce . Las estatuas de bronce tenían un color luminoso,
parecido al oro o al cobre, su piel refulgente declamaba visualmente la gloria
de la divinidad, de los héroes, de los atletas que representaban. En los
santuarios había personas encargadas de mantener los bronces siempre
brillantes. Y bajo el ardiente sol de Grecia, se volvían tan calientes que no
se podían tocar, y emanaban un calor semejante al de un fuego encendido".
La
mayoría de las esculturas de bronce de la Antigüedad no han llegado hasta
nuestros días sino a través de copias romanas de mármol, en gran parte porque
las obras originales muchas veces terminaban fundidas para reutilizar el metal.
Por lo tanto, es raro apreciarlas tal como eran, sin el filtro de las
reinterpretaciones posteriores: y eso es uno de los valores excepcionales de
los Bronces de Riace.
¿Pero
a quiénes representaban estos gigantes de 400 kilos cada uno, que una vez
vaciados de la arena y las incrustaciones marinas adheridas después de siglos
en el fondo del mar redujeron su peso a unos 160 kilos?
El
misterio perdura. El tamaño -el Viejo mide 1,97 metros y el Joven 1,98, una
altura notable para el promedio de 1,62 metros habitual en los hombres del
Mediterráneo de aquella época- es otro de los indicadores de su importancia,
además de los detalles de cobre y plata finamente trabajada.
Para
algunos historiadores pueden haber sido la representación de Cástor y Pólux,
hijos de Zeus y Leda; para otros los héroes de la Ilíada Áyax el Grande y Áyax
el Menor; para otros más tal vez atletas vencedores en los Juegos
Olímpicos . La
respuesta es una incógnita que probablemente contribuye a la fascinación que
despiertan las esculturas. El otro enigma es el autor: de Fidias en adelante,
se han formulado todas las hipótesis posibles, pero la respuesta yace escondida
en los pliegues de la historia.
El
largo camino de los bronces
Los
primeros intentos de restauración se hicieron en Reggio Calabria, sobre todo la
limpieza de los microorganismos marinos adheridos a las estatuas, hasta que se
hizo evidente que hacía falta la mejor tecnología de la época. Tres años
después de ser recuperados del mar, los Bronces de Riace fueron llevados al
Centro de Restauración en Florencia, un ente nacido tras la desastrosa
inundación del Arno en 1966, que había dañado enormemente el patrimonio
artístico local y al mismo tiempo dado impulso a las técnicas de recuperación.
Allí
las estatuas fueron radiografiadas, sometidas a ultrasonido, cuidadosamente
liberadas de sales corrosivas y protegidas a la altura de la dimensión divina
que se les atribuye. En 1980, la terminación de los trabajos se celebró con una
exposición temporal en Florencia: el entusiasmo y la afluencia masiva de
público obligó a extender los 20 días iniciales a seis meses.
Los
Bronces de Riace se consagraron definitivamente como un fenómeno popular: a su
magnificencia artística se sumó su atracción erótica: "No se los considera
solo portadores de belleza o de poesía -dijo Luigi Lombardi Satriani en un
simposio internacional organizado en Calabria sobre las esculturas- sino que en
el imaginario colectivo aparecieron cargados de sugestión sexual". Por si
hiciera falta confirmación para sus palabras, los bronces inspiraron muñecos
inflables y hasta una historieta erótica, llamada Sukia , que
se hizo bastante popular. Aparecieron réplicas de 20 centímetros en oro y
plata, en edición limitada, y estampillas del correo oficial: un "caso
testigo de la nueva relación entre la arqueología y el consumo masivo estudiado
por sociólogos y antropólogos".
No
faltó tampoco la "maldición de los Bronces de Riace". Pocos meses
después del hallazgo, Stefano Mariottini perdió a su mujer y su hijo en un
accidente. El funcionario que ordenó llevarlas de inmediato al Museo de Reggio
Calabria también murió poco más tarde. El camión que había trasladado las
estatuas a la capital regional se vio involucrado en un accidente mortal. Y
cuando se quiso instalar réplicas de las esculturas de tamaño natural en
Caulonia Marina, a pocos kilómetros del lugar del descubrimiento, una potente
marejada destruyó buena parte de la costanera de la pequeña localidad. Para
algunos ancianos de Riace tantos hechos desgraciados no eran sino la
consecuencia de una profanación: el haber retirado los bronces del fondo del
mar.
La
morada final
En
1981 los Bronces de Riace emprendieron finalmente el regreso a casa: para
Calabria , una de
las regiones más relegadas de Italia, recuperar aquellos guerreros para
exhibirlos en el Museo Nacional de Reggio Calabria se había vuelto una cuestión
de honor frente al temor de que quedaran para siempre en Florencia, Roma u
otras ciudades más privilegiadas. En el camino, sin embargo, el Joven y el
Viejo hicieron un alto en Roma por voluntad del presidente Sandro Pertini, y
fueron expuestos en el Quirinale, donde los vieron en promedio unos 12.000
visitantes al día.
En
los años siguientes los Bronces de Riace fueron sometidos a nuevas
restauraciones, pero no volvieron a moverse de su región natal: y en
2013 fueron finalmente instalados en el Museo Nacional de Reggio Calabria ,
sobre sendos pedestales antisísmicos de mármol de Carrara, listos para conjurar
los peligros de una de las zonas más sujetas a los terremotos en toda Europa.
Nada
que temer, si se cree en su aura divina y su fortaleza de semidioses griegos;
si se piensa que sobrevivieron a decenas de siglos bajo el mar para aparecer
inesperadamente, en el ya lejano verano de 1972, como dioses ex machina
portadores de tanto misterio como infinita atracción.
Fuente: lanacion.com |
















